En la construcción de carreteras es habitual utilizar las llamadas mezclas asfálticas calientes, que emiten grandes cantidades de gases de efecto invernadero. Una novedosa mixtura de aceite crudo de palma con asfalto reduce el calor requerido para compactar el material, lo que redunda en menos emisiones y costos económicos.

El asfalto es una sustancia negra y viscosa derivada del petróleo que se utiliza para construir carreteras, y es una fuente significativa de gases de efecto invernadero. Para poder combinarlo con el agregado mineral (arenas, polvo de tierra, piedras y cemento asfáltico, entre otros) hay que someterlo a altas temperaturas para que los elementos se integren y compacten, mediante una técnica conocida como mezclas asfálticas en caliente.




















Las palmas de aceite adultas conforman verdaderos paisajes forestales donde cohabitan numerosas especies de flora y fauna. Crean microclimas y ambientes favorables para la sostenibilidad de los cultivos y el bienestar de las poblaciones que habitan alrededor de ellas.
El aceite de palma contiene una relación 1:1 entre ácidos grasos saturados e insaturados, además es fuente importante de antioxidantes naturales como los tocoferoles, los tocotrienoles, y los carotenos. Se han realizado múltiples estudios sobre los efectos del consumo de aceite de palma en la salud humana, principalmente relacionados con el perfil lipídico, el retinol sérico (vitamina A), la trombosis arterial y el cáncer los cuales indican que:
Por su composición física, el aceite de palma tiene diferentes usos en diversas preparaciones sin necesidad de hidrogenarse, proceso mediante el cual se forman los trans, indeseables ácidos grasos precursores de enfermedades como la diabetes y los cardiovasculares, entre otras.
En una palma de aceite se contonean alegres flores masculinas y femeninas, de las que nacen frutos por millares, esféricos, ovoides o alargados, para conformar racimos compactos de entre 10 y 40 kilogramos de peso. Antes de adquirir el alegre y vistoso color anaranjado rojizo del sol tropical que les brinda la madurez, los frutos son de color violeta oscuro, casi negro. En su interior guardan una única semilla, la almendra o palmiste, que protegen con el cuesco, un endocarpio leñoso rodeado, a su vez, por una pulpa carnosa. Ambas, almendra y pulpa, proveen aceite con generosidad. La primera, el de palmiste, y la segunda, el de palma propiamente dicho.